
Correr es una de las actividades físicas más practicadas en el mundo. Desde la medicina del deporte, se clasifica como un deporte cíclico, ya que el mismo patrón de movimiento se repite de manera continua durante la actividad. En este caso, el ciclo corresponde al paso de carrera, que incluye la fase de apoyo, impulso y vuelo, repitiéndose cientos o miles de veces durante una sesión de entrenamiento.
Este tipo de actividad pertenece al grupo de ejercicios aeróbicos de resistencia, donde el organismo utiliza principalmente el metabolismo oxidativo para sostener el esfuerzo durante periodos prolongados. La evidencia científica ha demostrado que el ejercicio aeróbico regular, como correr, se asocia con mejoras en la salud cardiovascular, la capacidad pulmonar y la eficiencia metabólica (ACSM, 2021).
Uno de los elementos más relevantes en la biomecánica del corredor es la cadencia, que se define como el número de pasos por minuto durante la carrera. Diversos estudios han mostrado que una cadencia más eficiente puede disminuir las fuerzas de impacto en extremidades inferiores y reducir el estrés articular. Investigaciones en biomecánica sugieren que incrementar ligeramente la cadencia puede disminuir la carga en rodilla y cadera, lo que se asocia con menor riesgo de lesiones por sobreuso (Heiderscheit et al., 2011).
A pesar de sus beneficios, correr también se asocia con ciertas lesiones musculoesqueléticas frecuentes, principalmente relacionadas con sobrecarga o errores en el entrenamiento. Entre las más reportadas en la literatura científica se encuentran:
• Síndrome de dolor patelofemoral (rodilla del corredor)
• Fascitis plantar
• Tendinopatía aquílea
• Síndrome de la banda iliotibial
• Periostitis tibial medial
Estudios epidemiológicos en corredores recreativos muestran que la mayoría de estas lesiones se relacionan con aumentos bruscos en el volumen o intensidad del entrenamiento, debilidad muscular, alteraciones biomecánicas y recuperación insuficiente (van Gent et al., 2007; Videbæk et al., 2015).
Por ello, la prevención sigue siendo un pilar fundamental: progresión adecuada del entrenamiento, fortalecimiento de miembros inferiores y tronco, trabajo de técnica de carrera y evaluación temprana ante cualquier molestia.
Referencias científicas
American College of Sports Medicine (ACSM). ACSM’s Guidelines for Exercise Testing and Prescription, 2021.
Heiderscheit BC et al. (2011). Effects of step rate manipulation on joint mechanics during running. Medicine & Science in Sports & Exercise.
van Gent RN et al. (2007). Incidence and determinants of lower extremity running injuries. British Journal of Sports Medicine.
Videbæk S et al. (2015). Incidence of running-related injuries per 1000 hours of running. Sports Medicine.