[En Línea Deportiva] La Fisura que Almeyda convirtió en grieta

La Grieta Que Cambió A Puebla

PUEBLA HABÍA APRENDIDO A NO ROMPERSE… HASTA QUE ALGUIEN ENCONTRÓ POR DÓNDE ROMPERLO

Amigo lector…

Hay derrotas que cuestan tres puntos.

Hay goleadas que lastiman el orgullo.

Y existen partidos que hacen algo bastante más peligroso:

le enseñan al siguiente rival dónde está la fisura.

Eso fue lo verdaderamente grave del Puebla 1-4 Monterrey.

No fueron solamente cuatro goles.

Fue algo peor.

Matías Almeyda encontró una fisura en el equipo de Gerardo Espinoza… y durante 34 minutos trabajó sobre ella hasta convertirla en grieta.

Permítame explicarme.

—

Durante varias semanas hemos venido siguiendo aquí la construcción del Puebla de Gerardo Espinoza.

No solamente sus resultados.

Su evolución.

Aprendió a competir, a incomodar, a provocar y, sobre todo, a no romperse.

Después del empate ante Xolos escribimos:

PUEBLA YA APRENDIÓ A NO ROMPERSE. AHORA TIENE QUE APRENDER A ROMPER AL RIVAL.

Pues bien…

Monterrey vino al Cuauhtémoc y nos obligó a ponerle un signo de interrogación a la primera parte de aquella frase.

Porque quizá Puebla había aprendido a no romperse…

hasta que apareció alguien que encontró por dónde romperlo.

—

ALMEYDA ENCONTRÓ LA FISURA

Y tengo la impresión de que no la encontró durante el partido.

Llegó con ella encontrada desde el vestidor.

Mire usted.

Puebla intentó hacer aquello que durante semanas le había permitido competir.

Juntarse.

Cerrar espacios.

Ayudar en las bandas.

Mantener las líneas cerca.

Defender con mucha gente.

Monterrey hizo algo distinto.

En lugar de golpear permanentemente contra esa estructura…

la movió.

Circuló la pelota.

Cambió referencias.

Ocampos apareció por distintos sectores.

Rossi atacó espacios.

Óliver Torres administró la circulación.

Orbelín apareció entre zonas.

Y Puebla comenzó a perseguir futbolistas en lugar de defender espacios.

Ahí comenzó el problema.

Las distancias cambiaron.

Las ayudas empezaron a llegar tarde.

Las referencias desaparecieron.

Y aquello que había sido una fortaleza comenzó a convertirse en una cárcel.

Almeyda no rompió primero la defensa del Puebla.

Primero rompió sus referencias.

—

Rossi avisó antes de marcar.

Después llegó el 0-1.

Minuto 16.

Ocampos puso la pelota y Rossi apareció prácticamente encima del arco.

Puebla ya tenía problemas para recuperar y, cuando recuperaba, tampoco conseguía conservar.

Monterrey ganaba las segundas jugadas.

Volvía a empezar.

Cambiaba la orientación.

Y obligaba nuevamente al Puebla a correr detrás de la pelota.

Al 30 llegó Cuypers.

0-2.

Tres minutos después, Óliver Torres encontró a Lucas Ocampos.

Control.

Definición extraordinaria.

0-3.

La fisura ya era grieta.

—

LA CALIDAD NO EXPLICA TODO

No nos confundamos.

Monterrey tiene mejores futbolistas.

Mucho mejores.

La definición de Ocampos no la fabrica ningún pizarrón.

Tampoco el control y disparo de Roberto de la Rosa en el cuarto.

Eso pertenece al futbolista.

A su técnica.

A su calidad.

Pero una cosa es tener grandes jugadores…

y otra conseguir que reciban la pelota en las condiciones adecuadas para hacer daño.

Ahí aparece el entrenador.

El propio Almeyda lo explicó después del partido: los goles fueron producto del funcionamiento colectivo; la definición mostró la calidad individual.

Exactamente.

La calidad terminó las jugadas.

Almeyda construyó las condiciones para que esa calidad apareciera.

—

¿CORRIGIÓ ESPINOZA… O ADMINISTRÓ ALMEYDA?

Aquí está quizá la parte más delicada del análisis.

Espinoza sí reaccionó.

Mandó a los jugadores a calentar y modificó durante el descanso.

Entraron Armenta y Omar Moreno.

Después Luifer Hernández, Maestro Puch y José Pachuca.

Puebla adelantó metros, tuvo mayor presencia y encontró algunas llegadas.

La explicación fácil sería:

Espinoza corrigió y Puebla mejoró.

Yo no estaría tan seguro.

Porque mientras Espinoza intentaba reparar…

Almeyda comenzó a desmontar la máquina que había producido el 0-3.

Salió Salcedo.

Después Orbelín, Rossi y Cuypers.

Más tarde Ocampos.

Cinco modificaciones.

Y no fue simplemente una operación para cumplir con la Regla de Menores.

De esos cinco relevos, solamente Iker Fimbres aportaba claramente a esa obligación.

Almeyda estaba administrando.

El resultado.

Las piernas.

Y seguramente también el partido siguiente.

Por eso hay que tener cuidado al interpretar el segundo tiempo.

Puebla mejoró.

Sí.

Pero también lo hizo cuando Monterrey comenzó a dejar de ser el Monterrey que lo había destrozado.

Y aun así cayó el cuarto.

Roberto de la Rosa acababa de entrar.

Óliver Torres encontró el pase.

Control orientado.

Disparo cruzado.

0-4.

Después Puebla descontó.

Por eso no compraría todavía la historia de una gran reacción poblana.

La pregunta correcta es otra:

¿Cuánto corrigió Espinoza y cuánto dejó de hacer Monterrey?

No tenemos manera seria de ponerle porcentaje.

Tampoco hace falta.

Porque la respuesta llegará muy pronto.

—

ATLAS YA TIENE EL VIDEO

Ésta es la consecuencia más peligrosa del 1-4.

Hasta el miércoles, los rivales tenían trece jornadas para estudiar al Puebla de Espinoza.

Ahora tienen algo mucho más útil:

34 minutos de evidencia.

Movimientos.

Espacios.

Referencias.

Y, sobre todo, una respuesta a una pregunta que otros adversarios no habían conseguido resolver de esa manera:

¿Cómo desordeno a un equipo cuya principal virtud es precisamente el orden?

Almeyda encontró una respuesta.

Ahora Atlas puede intentar reproducirla.

No tiene a Rossi.

No tiene a Ocampos.

No tiene a Cuypers.

No tiene a Óliver Torres.

Precisamente por eso el domingo será un examen todavía más interesante.

Si Atlas intenta atacar la misma fisura y Puebla consigue cerrarla…

Espinoza habrá corregido.

Si Atlas vuelve a encontrar los espacios pero no tiene la calidad para castigarlos…

cuidado.

No confundamos reparación con incapacidad del adversario para aprovechar la grieta.

Pero si Atlas vuelve a encontrar el mismo camino…

entonces tendremos un problema bastante más serio.

—

Juan Pablo Vargas dijo después del partido algo que no debería pasar inadvertido.

Lo llamó el peor encuentro del semestre.

Por mucho.

Calificó el primer tiempo como desastroso.

Y utilizó dos palabras todavía más importantes:

Faltó orden.

Ahí está.

El atributo que durante semanas había sostenido al Puebla…

desapareció.

Por eso sería demasiado sencillo guardar este 1-4 en el cajón de:

“Monterrey tiene mucho mejor plantel”.

Claro que lo tiene.

Pero Puebla ya había enfrentado equipos superiores sin perder completamente su identidad.

Esta vez la perdió.

Y muy rápido.

—

Espinoza tampoco se escondió.

En los fragmentos que pudimos conocer de su conferencia no responsabilizó al árbitro por la derrota.

Reconoció la superioridad del adversario.

Aceptó que Puebla dejó de hacer cosas.

Y soltó una frase que quizá explique mejor que ninguna otra el trabajo que tiene enfrente:

“No se puede regalar tanto en un partido.”

Correcto.

Ahora viene lo verdaderamente importante:

descubrir exactamente qué regaló.

Porque aquello que Almeyda encontró…

Atlas ya sabe dónde buscarlo.

—

EL DOMINGO SE JUEGA ALGO MÁS QUE TRES PUNTOS

Puebla tiene 16.

Quedan cuatro partidos.

Doce puntos.

Y nuestra referencia para seguir verdaderamente peleando por la clasificación continúa rondando los 26.

Necesitaría aproximadamente diez de los doce disponibles.

El margen matemático prácticamente desapareció.

Pero después de Monterrey hay algo todavía más importante que la calculadora.

La estructura.

Los puntos todavía pueden recuperarse.

Lo que Puebla no puede permitirse es perder aquello que tardó trece jornadas en construir.

Por eso Atlas no solamente examinará la posición del Puebla en la tabla.

Examinará a Gerardo Espinoza.

Su lectura.

Su capacidad de corrección.

Y, sobre todo…

su capacidad para reparar.

—

Amigo lector…

Una fisura no necesariamente compromete una construcción.

Una grieta…

ya exige atención.

Almeyda encontró la fisura.

Monterrey la convirtió en una grieta.

Ahora Gerardo Espinoza tiene hasta el domingo para demostrar que entendió dónde está…

y cómo repararla.

Porque Atlas ya tiene el video.

Y si vuelve a encontrar el mismo camino…

entonces tendremos que cambiar nuevamente de palabra.

Ya no hablaremos de fisura.

Tampoco de grieta.

Hablaremos de fractura.

Y una fractura, a cuatro jornadas del final…

puede terminar rompiendo mucho más que un partido.

Puede terminar fracturando el proyecto de Gerardo Espinoza en este torneo.

Mientras tanto, nosotros…

VEREMOS Y DIREMOS.

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