[En Línea Deportiva] La llamada que cambió el poder

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Hay historias en la política y en el poder que no se cuentan en ninguna parte, pero que terminan definiendo el rumbo de instituciones enteras y esta es una de ellas.

Mire usted: Alejandro Burillo Azcárraga fue, en su momento, uno de los hombres más influyentes dentro del círculo del llamado “Tigre”. A él se le encomendó una tarea delicada: recuperar el control de la FEMEXFUT y cerrar definitivamente el paso de Emilio Maurer en el fútbol profesional. No estaba solo. Su principal aliado en esa operación fue José María Córdoba Montoya, jefe de la Oficina de la Presidencia durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Ese era el nivel de operación, de acceso y de poder.

Pero el poder, como la vida, no es lineal.

Con la llegada de Ernesto Zedillo a la Presidencia, la historia dio un giro abrupto. Burillo fue prácticamente empujado al exilio. Durante años, la versión simplista fue que se trató de una decisión arbitraria. Sin embargo, detrás de esa determinación existía un antecedente personal que terminaría pesando más de lo que cualquiera hubiera imaginado.

En tiempos de campaña, cuando Luis Donaldo Colosio era candidato del PRI y Zedillo su coordinador, ocurrió un episodio aparentemente menor, pero profundamente revelador. Burillo intentó comunicarse con Colosio. La llamada no fue atendida por el candidato, sino por Zedillo. La respuesta del entonces poderoso empresario fue tan breve como contundente:

“Yo no hablo con gatos, dígale al candidato que me busque”.

Colgó.

Lo que Burillo nunca imaginó fue que Colosio no llegaría a la Presidencia… y que quien sí lo haría sería aquel hombre al que desestimó en una llamada. El episodio, cargado de soberbia, se convirtió con el tiempo en un punto de quiebre.

Ya en el poder, Zedillo fue claro: no quería a Burillo en México durante su mandato.

Las consecuencias no se limitaron a un exilio personal. También alteraron el equilibrio dentro de uno de los consorcios mediáticos más importantes del país. En ese momento, Burillo era visto como el sucesor natural del “Tigre”, por su nivel de responsabilidad y eficacia. Nadie anticipaba que, pocos años después, en 1997, Emilio Azcárraga Milmo fallecería.

Con Burillo fuera del juego, el camino quedó libre. Fue entonces cuando Zedillo respaldó la consolidación de Emilio Azcárraga Jean al frente de Televisa, marcando una nueva etapa en la empresa.

Así, un gesto de soberbia en una llamada y una frase lanzada al aire terminaron influyendo en decisiones de Estado, en el rumbo de una televisora y en el destino de varios protagonistas.

Porque en política —y en la vida— no hay detalles menores.

“Ruin arquitecto es la soberbia: pone los cimientos en lo alto… y las tejas en los cimientos”.

Hasta la próxima.

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