[En Línea Deportiva] SI NO HAY UN NOQUEADOR… HABRÁ QUE REPARTIR LOS GUANTES

Chatgpt Image 16 Sept 2026, 01 14 46 P.m.

PUEBLA YA APRENDIÓ A INCOMODAR

Amigo lector…

Puebla perdió.

Toluca ganó.

0-1.

Y si usted solamente mira el marcador, probablemente no haya demasiado que discutir.

El líder venció al Puebla.

Hasta ahí.

Pero…

¿Eso fue realmente lo que ocurrió en el Cuauhtémoc?

Porque durante buena parte del partido sucedió algo que comienza a repetirse con el equipo de Gerardo Espinoza.

Puebla incomoda.

No domina.

No avasalla.

No pasa por encima de nadie.

Incomoda.

Y créame…

En el fútbol, conseguir que el rival deje de hacer lo que quiere hacer empieza a ser una virtud.

INCÓMODO

Toluca llegó al Cuauhtémoc con uno de los planteles más poderosos del fútbol mexicano.

Con alternativas.

Con banca.

Con futbolistas capaces de resolver un partido.

Y Puebla consiguió llevarlo a un encuentro cerrado, disputado, incómodo.

No lo digo yo.

Lo dijo Antonio Mohamed.

Al terminar el encuentro definió al Puebla como un equipo “muy combativo”, “valiente” y reconoció algo todavía más importante:

“Nos llevó a jugar de la manera que ellos propusieron.”

Detengámonos ahí.

Porque una cosa es que Gerardo Espinoza diga que está construyendo una identidad.

Y otra muy diferente…

es que el entrenador rival comience a reconocerla.

Toluca tuvo más posesión.

Pero Puebla remató diez veces contra siete.

Tuvo seis tiros de esquina contra cinco.

Y obligó a Luis García a intervenir cuando el partido ya estaba 0-1.

Entonces aparece la pregunta.

¿Puebla está aprendiendo a jugar contra equipos superiores?

Parece que sí.

El problema es otro.

INCOMODAR NO ES LASTIMAR

Puebla hizo diez disparos.

Solamente dos fueron a portería.

Ahí está una parte de la historia.

Puedes molestar al rival.

Quitarle espacios.

Obligarlo a jugar diferente.

Disputar cada pelota.

Correr.

Cerrar.

Presionar.

Competir.

Pero el fútbol conserva una crueldad maravillosa:

alguien tiene que meter la pelota.

Y Puebla hoy no tiene un delantero al que podamos entregarle permanentemente esa responsabilidad.

No tiene ese número nueve probado al que todos volteen cuando el partido necesita un gol.

Entonces…

¿qué hacemos?

LOS GUANTES

Contra Necaxa apareció Mathías Tomás.

Minuto 90+3.

Tomó la pelota.

Le pegó.

Golazo.

Tres puntos.

Aquella noche…

Mathías se puso los guantes.

Contra Toluca nadie se los puso.

Y ése puede convertirse en el siguiente desafío de este Puebla.

Si no existe un noqueador…

habrá que repartir los guantes.

Porque el gol no puede convertirse exclusivamente en responsabilidad del centro delantero.

Tendrá que aparecer desde otro lugar.

Mathías.

Baltazar.

Organista.

Garnica.

Los centrales en pelota parada.

Algún mediocampista llegando desde atrás.

El que encuentre la oportunidad.

Puebla necesita conseguir que sus diez jugadores de campo entiendan algo:

cualquiera puede tener que lanzar el golpe del KO.

Porque todo el esfuerzo realizado durante noventa minutos sirve para construir la pelea.

Pero alguien…

tiene que terminarla.

TOLUCA SÍ SUPO HACERLO

Y aquí está probablemente la diferencia más grande entre ambos equipos.

Toluca tampoco encontró demasiados espacios.

Mohamed tuvo que modificar.

Buscar alternativas.

Esperar.

Pelear.

Hasta que apareció un tiro de esquina.

Federico Viñas remató.

Poste.

Rebote.

José Pachuca.

Autogol.

Ni siquiera fue una gran construcción ofensiva.

Fue una pelota parada y un accidente.

Pero terminó adentro.

Y eso también forma parte del oficio de ganar.

Mohamed lo explicó mejor que nadie:

“Cuando se puede jugar, se gana jugando y cuando no, se gana luchando.”

Ahí está una de las diferencias.

Puebla está aprendiendo a competir.

Toluca…

ya sabe ganar de diferentes maneras.

¿Y ESPINOZA?

Permítame poner algo sobre la mesa.

Todavía es demasiado pronto para saber hasta dónde puede llegar Gerardo Espinoza.

Pero comienza a aparecer una posibilidad interesante.

La historia del fútbol está llena de entrenadores que entendieron que, cuando no tienes el plantel más poderoso, necesitas conseguir que el colectivo produzca más de lo que prometen sus individualidades.

Simeone lo convirtió en una filosofía en el Atlético de Madrid.

Ranieri construyó alrededor de esa idea al Leicester campeón.

Otto Rehhagel hizo de Grecia un equipo insoportable para cualquiera en aquella Eurocopa de 2004.

Distintas épocas.

Distintos futbolistas.

Distinto fútbol.

No estoy comparando al Puebla con ellos.

No nos confundamos.

Estoy hablando del principio.

Cuando no puedes competir desde la chequera, tienes que competir desde la organización.

Y para eso se necesita algo que Espinoza todavía tendrá que desarrollar mucho más.

Condición física.

Disciplina táctica.

Concentración.

Sacrificio.

Y una entrega colectiva casi militar.

Porque ser incómodo durante sesenta minutos sirve.

Serlo durante los noventa…

puede empezar a ganar partidos.

ALGO YA CAMBIÓ

Hace algunas semanas hablábamos de un Puebla que comenzaba nervioso.

Chivas.

Cruz Azul.

América.

El propio Espinoza lo reconoció.

Contra Necaxa aquello no ocurrió.

Contra Toluca…

tampoco.

Y frente a uno de los equipos más poderosos de la Liga, Puebla consiguió llevar el partido hacia terrenos donde el rival no estuvo cómodo.

Espinoza insiste en que su equipo atraviesa un proceso de transformación, crecimiento y construcción de un estilo.

Esta vez recibió una confirmación interesante.

Vino precisamente…

del entrenador contrario.

Puebla perdió los tres puntos.

Eso no se discute.

Pero Mohamed se fue del Cuauhtémoc reconociendo que tuvo que sudar para llevárselos.

Ahora viene lo verdaderamente difícil.

Porque conseguir que el rival termine incómodo es un avance.

Conseguir que además termine derrotado…

es otra cosa.

Para eso hacen falta goles.

Y mientras Puebla encuentra a su noqueador…

los guantes tendrán que pasar de mano en mano.

Pero dígame usted, amigo lector…

¿Se imagina a este Puebla de Gerardo Espinoza con un “Bola” González en el eje del ataque?

Yo sí.

Y a mi modo de ver, es precisamente lo que más le hace falta a este grupo.

Un nueve.

Un ariete.

Un noqueador.

Alguien que después de que sus compañeros corrieron, marcaron, presionaron, cerraron espacios, recuperaron pelotas y consiguieron incomodar al rival…

se ponga los guantes y termine la pelea.

El Chiquis ya debería estar escribiendo su carta para diciembre.

Y Santa Claus —Rafa Rodríguez— ya sabe qué tendría que traerle.

Un ariete.

Porque jugadores como el gran Álvaro González hacen época.

Pero, sobre todo, ayudan a coronar el esfuerzo colectivo.

Son capaces de conseguir que el frío gris del cemento…

se convierta en un cálido azul y blanco.

¿Se imagina usted igual de exitoso aquel proyecto del Chelís sin “la Bola” González?

Yo tampoco.

Mientras aparece ese hombre, Espinoza tendrá que repartir los guantes.

Después…

quizá encuentre a alguien dispuesto a quedárselos.

Mientras tanto, nosotros…

Veremos y diremos.

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