La actividad física, en particular los ejercicios aeróbicos (AE) como caminar a paso ligero o trotar, está bien establecida como un método eficaz para prevenir y tratar las enfermedades cardiovasculares.
Las Pautas federales de actividad física (PAG) actuales establecen que los adultos deben obtener al menos 150 minutos por semana de ejercicio aeróbico de intensidad moderada o 75 minutos por semana de intensidad vigorosa para reducir significativamente el riesgo de enfermedades al corazón.
También existen pautas más sencillas para realizar ejercicios de resistencia, como el levantamiento de pesas, 2 días a la semana.
El ejercicio de resistencia proporciona beneficios para la salud ósea, muscular y metabólica.
Existe una fuerte evidencia de que la resistencia cardiaca inducida por el ejercicio contribuye a las mejoras en los factores de riesgo de enfermedades conocidas, incluidos los lípidos en sangre y la aptitud cardiorrespiratoria.
También hay evidencia creciente de que mejora otros factores de riesgo, como el metabolismo de la glucosa, la sensibilidad a la insulina y la fuerza y la masa muscular.
Otros mecanismos potenciales por los cuales se previene enfermedades son a través de un mejor control del peso, la función endotelial, y la hemodinámica.
Los resultados de estudios previos realizados en pacientes con disfunción metabólica (diabetes) han sugerido que realizar ejercicio tiene mayores beneficios en la salud metabólica que realizar cualquiera de los ejercicios solos.