[Más allá del Deporte] Quince días después… ¿y los propósitos?

Whatsapp Image 2026 01 15 At 12.52.19 Pm

Han pasado apenas 15 días del 2026 y vale la pena hacer una pausa incómoda pero necesaria: ¿cómo vamos con los propósitos de Año Nuevo? No los que anunciamos con entusiasmo el 31 por la noche, copa en mano y convicción absoluta, sino los reales, los que implican disciplina, constancia y, sobre todo, paciencia.

La respuesta honesta para muchos —aunque no siempre la más popular— es simple: vamos a medias… o de plano no hemos arrancado.

Y no es falta de ganas. Tampoco es que seamos personas sin fuerza de voluntad, como suele decirse con dureza. La razón por la que nos cuesta agarrar ritmo con los propósitos tiene más que ver con cómo los planteamos que con quiénes somos.

Queremos cambios enormes en tiempos absurdamente cortos. Pretendemos que el cuerpo, la mente, la rutina y hasta la vida misma entiendan que ya es enero y que, por arte de magia, todo debe alinearse. Pasar de cero a cien. De sedentarios a atletas. De desordenados a disciplinados. De caóticos a zen… en dos semanas.

Y la vida no funciona así.

Además, enero no es ese mes idealizado que nos vendieron. Es cuesta arriba. Hay pendientes arrastrados de diciembre, cansancio acumulado, pagos, regresos forzados a la rutina y una realidad que no siempre coopera con nuestras buenas intenciones. Queremos comenzar fuerte cuando, en realidad, seguimos aterrizando.

Otra razón clave: confundimos motivación con hábito. La motivación es emocionante, pero es frágil. Se acaba rápido. El hábito, en cambio, es aburrido, repetitivo y poco glamoroso… pero es lo único que sostiene los cambios a largo plazo. Y como nadie nos explicó eso cuando escribimos la lista de propósitos, llega el día 10, el 12 o el 15 de enero y pensamos que ya fallamos.

No fallamos. Apenas estamos empezando.

Tal vez el error no es no haber cumplido aún, sino habernos puesto metas sin preguntarnos si encajan con nuestra realidad actual. Sin ajustar horarios, sin ceder expectativas, sin aceptar que avanzar lento también es avanzar.

Quince días no definen un año. Pero sí pueden servir para replantearlo. Para bajar la exigencia, dividir los objetivos, empezar más pequeño y dejar de compararnos con la versión perfecta que imaginamos la noche de Año Nuevo.

El 2026 no se va a ir si hoy retomamos un propósito. No se cancela si lo ajustamos. No nos juzga si vamos tarde. El año apenas está calentando motores… igual que nosotros.

Quizá el verdadero propósito debería ser ese: aprender a empezar sin castigarnos. A insistir sin dramatizar. A entender que el ritmo también se construye.

Porque a veces no se trata de arrancar con fuerza, sino de no detenerse. Aunque sea despacio.

En Línea Deportiva 2024