Era abril de 2002, de aquel viaje de mochila que hice en Europa con mi hermano y que les he platicado de otras historias relacionadas con la fórmula 1 en este espacio.
Por el sur de Francia y en una camioneta rentada de regreso a España, una de las paradas obligadas era el principado de Mónaco. El lugar de la emblemática carrera en donde tantas historias se han contado y en donde el domingo se escribió la más importante de todas ellas para el automovilismo mexicano, con la victoria de Checo Pérez.
Teníamos una vista privilegiada desde la parte alta de los acantilados en esa región de la costa azul, desde donde comenzamos a bajar por los sinuosos caminos hacia la zona del principado de Mónaco. Un lugar en el que se respira aroma a Fórmula 1, pues es el más grande evento que tiene el emblemático lugar que ofrecer al mundo.
En aquella ocasión faltaban dos semanas para la realización del Gran Premio por lo que en el trazado callejero se habían colocado ya gran parte de las vallas metálicas que dibujan el recorrido de la pista. Luego de ver la carrera muchos años por televisión en la década de los 80´s y 90´s, los lugares icónicos de la pista nos resultaban inconfundibles.
Mi hermano Rafa manejaba aquella camioneta tipo van en la que viajábamos junto con otros amigos y que no tenían mucha idea de la Fórmula 1, más allá de que en ese lugar se organizaba una carrera famosa. La circulación de la pista estaba abierta como todos los días al tránsito vehicular de la ciudad, de tal forma que mi hermano al reconocer la zona del famoso túnel comenzó a realizar una vuelta sobre el mismo trazado que sigue la fórmula 1 sin que los demás se dieran cuenta.
Mientras los demás acompañantes del grupo admiraban las bellezas de la arquitectura en la ciudad y lo sui generis que resulta todo en el bellísimo Principado, él y yo disfrutábamos de circular por el circuito de fórmula 1 a 35 kilómetros por hora. Llegamos a la zona del puerto tras la salida del túnel y desde donde se observan los lujosos yates, hasta adentrarnos en el complejo de la piscina. Continuamos nuestro recorrido por La Rascasse y por la recta principal del circuito hasta Saint Devote, ahí en donde comienza la subida hacia Massenet y el famosísimo Casino de Montecarlo. Por televisión ese subida no puede percibirse como es en realidad. La subida realmente es pronunciada y es increíble lo rápido que llegan los fórmula 1 desde la capilla de Saint Devote en la parte mas baja del circuito, hasta ese punto mas alto de la pista hasta que comienzan a bajar nuevamente hacia Mirabeau, el hairpin del gran hotel y la curva de portier. Esa en donde Sergio Pérez chocó el sábado en la parte final de la calificación.
Así fue como recorrimos una vuelta en el circuito de Mónaco en un tiempo aproximado de 32 minutos 17 segundos y 347 milésimas. Es decir media hora mas por vuelta que los actuales fórmula 1 que en calificación andan sobre el minuto con 12 segundos. En nuestro favor tendré que decir que para ellos no existen los semáforos ni el transito pesado del día a día en Montecarlo. La experiencia aún a esa velocidad fue inolvidable.
Todo en Mónaco tiene sabor a fórmula 1. Al menos los restaurantes, las tiendas y los lugares públicos hacen alusión con fotos, souvenirs, esculturas a la máxima categoría y a la gran historia del evento que se corre desde 1950 como parte del campeonato mundial.
Decir que Mónaco es especial se queda corto con todo lo que representa para los pilotos el solo hecho de correr ahí. Ganar como lo hizo Checo el domingo son palabras mayores. Sus lagrimas en el pódium. Su comunicación por la radio con su equipo una vez que recibió la bandera a cuadros así como la gran celebración que se extendió hasta la mañana del día siguiente, son solo una pequeña muestra de lo que significa correr y ganar en Mónaco.
Los lujos, la parafernalia, las personalidades, la realeza que forman parte del entorno único y especial del Gran Premio de Mónaco, hacen una carrera inigualable en la que ganar no tiene punto de comparación. Checo Pérez con esta victoria se ganó la renovación de su contrato por dos años mas con Red Bull, y sin decir que además se metió de lleno en la pelea por el campeonato mundial. Al menos así lo indican los puntos y lo que aun está por ver son las decisiones al interior el equipo en momentos en los que Max y Checo se encuentren cerca de la pista para pelear por posición.
El 29 de mayo de 2022 quedará guardada como una fecha histórica para el automovilismo mexicano, en la que además Patricio O´Ward cumplió con una gran actuación en las 500 millas de Indianápolis al finalizar segundo en la carrera mas famosa del mundo. El paso del tiempo le dará valor a lo que vimos el domingo pasado en Mónaco y en Indianápolis. Justo como se guardó aquella victoria de Pedro Rodríguez en las 24 horas de Le Mans el 29 de septiembre de 1968 y a quién checo rindió homenaje con el diseño de su caso el fin de semana.
El principado de Mónaco puede disfrutarse de mil maneras… ninguna comparada a la de Checo Pérez con una victoria sobre un Fórmula 1.
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