Cuando un jugador de alto rendimiento aprende a convivir con la incomodidad, no habrá obstáculo que lo detenga.
Es fácil mantenerse motivado cuando estamos en el 11 titular, cuando el rendimiento es aparentemente bueno, pero el mundo se viene abajo cuando por alguna extraña razón no aparece en la lista del cuadro titular.
Empiezan las dudas… ¿Qué hice mal? Estuve entrenando bien toda la semana, los últimos partidos fueron buenos partidos, no entiendo la razón de esta decisión; te invito a cambiar la interrogación por: ¿Qué puedo mejorar? y ser humildes al responder, porque cuando esto sucede nos ciega la arrogancia y creo que todo marcha bien, cuando no es que marche mal solo que puede ser mejor si se trabaja.
También surgen los reproches hacia el equipo de trabajo seguro les caigo mal, están locos, ya verán cómo les hago falta, de verdad me van a sacar, la mayoría de las veces no llegan a realizarlos frente a frente con el CT, pero en otras ocasiones el impulso gana y se reclama la decisión al cuerpo técnico, y este tipo de actitudes nunca acaba nada bien.
Estos pensamientos y actitudes lo único que generan es un enojo interno y en lugar de demostrar con acciones positiva por que debería estar de inicio, ocurre todo lo contrario, me muestro más agresivo durante entrenamientos, me exijo menos creyendo que no vale la pena dar el máximo si de todas maneras no me van a tomar en cuenta, surgen malas caras, lenguaje corporal de indiferencia, señas inapropiadas.
En la mayoría de las ocasiones el jugador actúa dominado por sus emociones y no es consciente de la actitud que esta tomando, pero las consecuencias de sus acciones aparecen y en lugar de aligerar, la tensión es peor y la agonía de sus resultados más larga.
Primero que nada, tienes que reconocer que en la vida siempre existirán momentos que no nos agraden y eso es inevitable, pero no necesariamente tienen que ser malos, eso dependerá de la actitud con la que nos enfrentemos. La incomodidad debería alegrarnos, porque significa que hay cambios y ajustes que debemos realizar para seguir creciendo.
Deja de buscar culpables y hazte responsable, durante mi experiencia en equipos de futbol, en algún momento me encontré con una frase que me encanto donde un DT decía “no te equivoques, deja que me equivoque yo” y si, quizá se equivocan al sacarte, total se dan cuenta y regresas al cuadro, pero si te equivocas tú, tomándolo personal, teniendo actitudes y comportamientos inmaduros, estas asumiendo que su decisión fue acertada y no estás listo para enfrentar la adversidad.
Si no estás listo para enfrentar este tipo de situaciones, que no directamente tiene que ver con la técnica o la táctica, no estás listo para resolver problemas en un partido real, porque esto refleja tu preparación mental, tu asertividad, tu autocontrol. Y en todo equipo habrá situaciones de partido que necesiten personas con un entrenamiento mental adecuado.
Así que cuando tengas un momento de incomodidad, agárralo de la mano, y con acciones demuéstrale de qué estás hecho, siéntete cómodo en la incomodidad, pero no quedándote sentado de brazos cruzados, sino llevándote al límite, porque recuerda que el rival más difícil está en tu mente.