
El fútbol no existiría sin las hinchadas. Los aficionados son quienes dan vida a sus equipos: apoyan en las buenas y, sobre todo, en las malas. Son los que están cada 15 días en el estadio invirtiendo tiempo, dinero y mucha energía para animar a sus jugadores. El fútbol inglés destaca por el ambiente que generan los hinchas y St. James’ Park es uno de los estadios con mejor atmósfera de Inglaterra.
Los seguidores locales cumplieron con creces en una gran noche de Champions. Jugadores y aficionados del Newcastle parecían uno solo y pusieron sobre las cuerdas al FC Barcelona, uno de los mejores equipos de la actualidad.
“El partido contra el Barça es el más importante de nuestra historia”, expresaba Eddie Howe, entrenador del conjunto inglés, en la rueda de prensa previa. Los seguidores ingleses sabían que esta noche era especial y que había que dar más que de costumbre. La afición local confiaba en los suyos. “Será un partido muy complicado, pero creemos que podemos ganar esta noche en nuestro campo”, decía una hincha del Newcastle horas antes de la mágica noche de Champions.
El encuentro de ida entre el Newcastle y el FC Barcelona terminó 1-1, a pesar de que el conjunto local llegaba en un mal momento y el visitante atravesaba uno muy bueno. Se demostró que, con el apoyo de la gente y la motivación de los jugadores, se puede dar un ‘plus’ y dejar de lado el estado de forma de los equipos.
Cada tiro de esquina, cada recuperación de balón, cada contragolpe se vive diferente en este estadio. Un córner para la gran mayoría de equipos es una jugada más, pero para el Newcastle es una oportunidad de gol. Es el momento en el que el cobrador del balón parado está más cerca de los suyos y en el que todos, sin importar si es el segundo o el octavo córner, se levantan para animar.
El Barça sufrió mucho y estuvo 85 minutos aguantando el asedio del equipo local. Los centrales, Pau Cubarsí y Gerard Martín, tuvieron mucho trabajo y ambos hicieron un buen partido. Sin embargo, la alta exigencia defensiva de los azulgrana demostró que el Newcastle generó mucho peligro y el estadio pesó sobre los de Hansi Flick.
El gol era inminente y en el minuto 86, Harvey Barnes llegó al segundo palo prácticamente sin marca y anotó el tanto que parecía dar la victoria a los ingleses. Los locales celebraron el gol con mucha pasión, pero lo más sorprendente es que siguieron cantando. Querían más, y el equipo los escuchó y no dejó de atacar.
En los minutos finales, el Barça consiguió un penal gracias a la calidad de sus jugadores, en especial de Dani Olmo, quien provocó la pena máxima que terminó transformando Lamine Yamal con mucha personalidad. En un partido en el que te dominan, con la afición local apretando sin parar y perdiendo a pocos minutos del final, lanzar ese penalti y darle el empate a tu equipo requiere mucha valentía. El FC Barcelona sale vivo, casi de milagro, de un campo al que ningún equipo quiere visitar.
Tras los 90 minutos, los hinchas ingleses se quedaron con un sabor amargo: la victoria se les escapó en los últimos minutos. “Honestamente creo que el Barça va a ganar en el Spotify Camp Nou. Tienen un gran equipo y estarán con su afición”, expresaba un seguidor del Newcastle.
Hay muchas cosas buenas de las hinchadas inglesas, aunque también existen historias desafortunadas en las que algunos aficionados se pelean con los rivales y utilizan el fútbol como excusa para incitar a la violencia. El caso del Newcastle es todo lo contrario. Al finalizar el encuentro, muchos hinchas locales veían a los seguidores azulgrana y los felicitaban.
St. James’ Park no defraudó y dejó una noche inolvidable para todos los espectadores que asistieron al estadio, tanto del Newcastle como del FC Barcelona. Una afición local entregada, apasionada y lo más importante, respetuosa con los visitantes. El Newcastle tiene un estadio maravilloso y una hinchada envidiable, con valores dignos de admirar.