La meditación es una práctica milenaria que nos permite quitarle energía a los pensamientos que nuestra mente fabrica, de esta manera dejamos de identificarnos con ella.
Es considerada un tipo de medicina complementaria para mente y cuerpo, la cual está diseñada para que todos puedan llevarla a cabo.
A lo largo de los años, diversos estudios científicos han determinado que los avances tecnológicos que existen hoy en día, ayudan a verificar a través de técnicas de neuroimagen o el procesamiento computarizado de señales electrofisiológicas, los cambios estructurales que se producen en las regiones cerebrales a causa de la práctica meditativa.
Se ha demostrado que realizar meditación de manera habitual, genera cambios a nivel del hipocampo y amígdala cerebral, ralentiza la atrofia cortical cerebral relacionada con la edad, reduce los niveles de cortisol ocasionados por estrés, ansiedad e insomnio, previene la depresión y el alzheimer, además generará que el sistema inmunológico se fortalezca, que aumente la segregación de serotonina (la hormona de la felicidad), mejorará el bienestar personal y del entorno en el que nos movemos, reducirá las emociones negativas, aumentará la creatividad, autenticidad y autoconsciencia.
Existen diversos tipos de meditación, entre los más comunes:
Contemplación guiada: Cosiste en la activación de los cinco sentidos (vista, olfato, tacto, oído, gusto)
Contemplación con mantras: Repites mental y continuamente una palabra o frase
Contemplación con enfoque en la respiración: Este tipo de meditación requiere de ejercicios respiratorios profundos (pranayamas), que promuevan mayor conciencia del aire que inhalamos-exhalamos, de las partes del cuerpo que intervienen para que esto sea posible
Al ir adquiriendo experiencia con la meditación el tiempo pasará más rápido, el cuerpo logrará sentirse cómodo en la incomodidad al mantener las piernas cruzadas por un tiempo más prolongado y por último la mente podrá estar enfocada en tiempo presente y por lo tanto tu cuerpo también.
Para meditar debes sentarte sin juzgar, observando los pensamientos que influyen a través de ti.