CR7 y Messi, El Negocio Del Odio

Fantasma

Antier, 21 de junio, “el enano maligno”, como le dicen con sus detractores más “ardillas”, lo volvió a hacer. Lionel Messi se convirtió oficialmente en el máximo anotador en la historia de las Copas del Mundo. Atrás quedó el registro de Miroslav Klose con sus 16 goles, atrás quedó la prehistoria de Just Fontaine. Hoy, nadie en este bendito planeta tiene más goles en los Mundiales que el maldito argentino.

¿Y qué pasó? Los “anti-Messi” salieron rápido con una marometa futbolística: “Ay, sí, pero Kylian Mbappé, anoto también y le va a pasar por encima, es un récord efímero”. Te hablan de Mbappé con una propiedad como si hubieran nacido en los suburbios de París, aunque estén tuiteando desde el tráfico de Iztapalapa o desde un restaurante en Polanco.

Y miren, analizando el contexto con la cabeza fría, tienen razón en algo: Mbappé, por pura edad y física elemental, si se cuida, va a pulverizar el récord de Leo. Eso va a pasar, es inevitable. Y el día que suceda, seré el primero en ponerse de pie y aplaudirle al francés. Pero hoy… hoy, nos guste o no, el “enano” es el rey absoluto de esa estadística.

Pero en el guión de las “bestias sagradas del siglo XXI” todavía capítulos nuevos para escribir. Solo 24 horas después, ayer, le tocó el turno de ser el héroe a la otra bestia. Cristiano Ronaldo saltó a la cancha y clavó un récord que Messi jamás, escúchenme bien, jamás podrá igualar: anotar gol en seis ediciones consecutivas de Copas del Mundo. ¡Seis Mundiales al hilo metiendo la pelota en la red!

LUCHA DE TITANES

Llevamos prácticamente todo este siglo en una lucha de titanes para demostrar una supuesta supremacía. Millones de aficionados han caído en el debate inútil, absurdo y francamente patético de denostar a uno para hacer grande al otro. Es una tara mental. De esta rivalidad, por supuesto, mucho tuvieron que ver el Real Madrid y el Barcelona, que defienden con verdades y con puras mentiras al que portó sus colores y los defienden como si les pagaran, lloran, insultan, amenazan, mienten en lugar de disfrutar a ambos.

Hoy, los amantes de Cristiano ya le echaron en cara a los argentinos lo de los goles en mundiales consecutivos y que anota a mayor edad que Leo. Es una guerra de vecindad. En lugar de rendirles tributo por lo que nos dieron en las últimas dos décadas, les criticamos lo que no nos dieron. Lo hacemos por envidia, por frustración o simplemente porque uno de los dos nos cae gordo. Pelé y Maradona fueron los reyes del siglo pasado y nos entregamos a su legado. A estos dos los tenemos vivos, activos, y preferimos mentarles la madre.

Miren cómo estaba el ambiente con CR7 hace apenas unos días. Tras el empate infame de Portugal contra la República Democrática del Congo, el chamaco João Neves encendió una enorme polémica al declarar: “Sabemos lo que Cristiano ha hecho por nosotros, pero no es diferente a los demás. Solo es un jugador más para ayudar”.

¡Pum! Muchos hablaron de una falta de respeto gigantesca. Y en el fondo, fríamente, Neves tenía algo de razón: CR7 está jugando ya con la reserva del tanque futbolístico, igual que Messi. Están en el ocaso, en el final de unas historias maravillosas. El tiempo no perdona a nadie. ¡Qué necesidad de entrar en polémica tan inútil!  Insultar, denostar es el negocio del odio que no debería existir.

LA RADIOGRAFÍA DEL RESPETO

Pero de lo que estoy completamente seguro es de que jamás escucharíamos un comentario similar sobre Messi en el vestidor de Argentina. Ahí, aunque juegue muy disminuido, aunque camine la cancha porque el físico ya no da para la presión alta, la dinámica es casi religiosa. Todos luchan lo que él ya no puede luchar, corren por él lo que ya no corre, le perdonan cualquier falla y todos lo buscan a él. Es el guía espiritual.

Muy diferente a lo de Cristiano, donde parecía que sus propios compañeros ya lo veían como un mueble viejo al que había que hacerle el favor de dejarlo jugar. ¿Por qué sucede esto con dos monstruos? Influye la personalidad, la idiosincrasia de los dos países y, claro, el negocio. La FIFA sabe que son sus mejores activos y los ha protegido a ambos en muchos sentidos porque generan millones de dólares. Exigirles intensidad europea a sus casi 40 años es no entender de biología humana.

Pero la noche previa al juego ante Uzbekistán, en el vestidor de Portugal, al parecer hicieron las paces. Cristiano Ronaldo saltó a la cancha, la mandó a guardar y les demostró con datos duros a Neves y a todos los que dudaban que no es un jugador más en la plantilla. Su sola presencia arrastra marcas, altera el sistema nervioso del rival y cambia el contexto de un partido.

ENVIDIA DE LA MALA

Señores, estamos viviendo los últimos minutos del libro más hermoso de la historia del nuevo siglo. El último baile de estos dos monstruos no debe llenarse de polémicas absurdas de Twitter o de debates de cantina barata sobre quién es mejor. Dejen la envidia para los mediocres. Tuvimos el enorme privilegio de verlos jugar, de ver a uno romper el récord histórico de goles y al otro adueñarse de la constancia eterna en seis Mundiales. Aplaudamos el privilegio, carajo.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo como aficionados disfrutar a los dos al mismo tiempo? Cuestionarlos en lugar de disfrútalos sí que es envidia de la mala.

“No midas la grandeza de un hombre por la cantidad de personas que lo elogian, sino por la calidad de los enemigos que ha sabido ganarse.”

En Línea Deportiva 2026