Y Si, Sí Lo Supiera La Presidenta

Fantasma

Ahora que está mi casa editorial acaba de cumplir siete años, una trinchera donde existe la absoluta libertad para prender la luz en el cuarto obscuros del periodismo, en homenaje a esta libertad de pensamiento y análisis quise hacer este ejercicio periodístico, que considero necesario.

Imagínese por un segundo, estimado lector, que este «Fantasma» se armara de valor, le pusiera sello de urgente y le mandara una carta directo al escritorio de Palacio Nacional a la Presidenta Claudia Sheinbaum. Ya sé lo que me va a decir: que la Doctora tiene mil broncas más importantes que resolver en este país antes que ponerse a ver los entuertos de nuestro bendito fútbol. Y tiene toda la razón y más tratándose de este humilde periodista.

Pero déjeme soñar un poco. Soñar que, entre tanto expediente, a la Presidenta le llama la atención un sobre y una carta que habla de canchas, de trampas en lo oscurito y, sobre todo, del miedo de más de 400 chavos. Soñar que le cuento cómo fue que a los jugadores de la Liga de Expansión no solo les cerraron la puerta del ascenso en la cara rompiéndoles la promesa de que sería «temporal», sino cómo hoy los dueños de los equipos los tienen amenazados de dejarlos sin comer si se les ocurre volver a abrir la boca para exigir lo que por derecho deportivo les toca. Si yo le escribiera esa carta a la Mandataria, estoy seguro de que no empezaría por el protocolo, sino por la infamia. Le diría algo más o menos así:

Asunto: El despojo del mérito deportivo y la mordaza en el fútbol mexicano

 Dra. Claudia Sheinbaum Pardo

 Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

 Presente

 Señora Presidenta:

Le escribo esta carta con el respeto que impone su investidura y sabiendo, de antemano, que sobre su escritorio reposan las urgencias, deudas históricas y prioridades de un país entero. Entiendo perfectamente que el fútbol profesional dista mucho de ser una urgencia nacional frente a los grandes desafíos de su administración. Quizá estas líneas jamás lleguen a sus manos; sin embargo, me atrevo a redactarlas imaginando que la curiosidad le gana al protocolo, sabiendo que, además de su sensibilidad por la cultura y la música, usted no es ajena al fútbol.

Sé bien que el fenómeno social del balompié le preocupa y le ocupa. No en vano, en más de una ocasión se ha referido en la conferencia «Mañanera» a la aberración estructural que significa haber cancelado el ascenso y el descenso en nuestra liga. Desafortunadamente, sus señalamientos pasaron de noche en las oficinas de la Federación Mexicana de Fútbol que encabeza Mikel Arriola, a quien usted conoce bastante bien y quien ha preferido hacer oídos sordos a la demanda popular.

Le aporto algunos datos duros para poner en dimensión este mapa de exclusión. El fútbol de élite en México, la Primera División o Liga MX, está integrado por solo 18 equipos concentrados en apenas 14 estados del país. Eso significa que en 18 entidades federativas —más de la mitad del territorio nacional— no existe el derecho ni la oportunidad de tener fútbol de primera categoría.

Para el órgano rector, el sur de nuestro país simplemente no existe: geográficamente, el Puebla es el equipo ubicado «más al sur» del circuito. Los 18 estados restantes han sido relegados a ser ciudadanos futbolísticos de segunda o de tercera clase, condenados a no trascender jamás a menos que aparezca un multimillonario o un fondo de inversión dispuesto a desembolsar más de 100 millones de dólares para comprar una franquicia y mudarla.

Lo más grave, presidenta, es la forma en que desarmaron el edificio. Tras desacatar una resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) en Suiza —la cual estipulaba que la temporada 2025-2026 sería la última jugada sin ascenso y descenso—, la dirigencia decidió maniobrar en la penumbra. Operando en la oscuridad, modificaron los estatutos de la propia FMF para «legalizar» su desacato.

Para rematar el despojo, el pasado 30 de junio, en una jugada sigilosa y sin hacerlo oficial a los medios, protocolizaron la independencia financiera de la Liga MX respecto a la FMF. Separar la liga de la federación para buscar eficiencia comercial no es malo en sí mismo; se vale y es una estrategia de negocios legítima. El problema radica en el fondo: convirtieron a la Primera División en un verdadero «Club de Toby», una corporación privada donde los socios se reservan el derecho de admisión. Si una ciudad o un equipo quiere ingresar a tan selecto gremio, ya no es por mérito en la cancha, sino comprándoles una franquicia a ellos, repartiéndose ese dinero exclusivamente entre los 18 dueños actuales.

Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo, Presidenta. Porque lo que prometieron que sería una medida «temporal» para proteger la economía del fútbol durante la pandemia, terminó convirtiéndose en un despojo definitivo y unilateral. Este cierre de fronteras deportivas no es solo un atentado al fair play; constituye una flagrante violación a las leyes de libre competencia y concurrencia.

Al blindar la liga, eliminar el riesgo deportivo de descender y bloquear el ingreso de nuevos competidores mediante barreras económicas infranqueables, la Liga MX y la FMF están incurriendo en prácticas monopólicas que restringen la oferta, destruyen el valor comercial de las divisiones inferiores y distorsionan el mercado.

Este no es un tema que deba resolverse únicamente en las canchas o en la FMF; es un asunto que merece la revisión minuciosa de la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) y de la Secretaría de Economía. El fútbol es un espectáculo privado, sí, pero opera bajo una concesión social y un marco legal dentro del territorio nacional que no puede estar por encima de la Constitución ni de la Ley Federal de Competencia Económica.

Cerrar el ascenso es pegarle un hachazo al pilar de la competencia fair play. Las mejores ligas del planeta, tanto en Europa como en América, sostienen su competitividad en la movilidad deportiva. Solo una minoría opta por ligas cerradas. Con esta decisión, le despojaron el sueño no solo a millones de aficionados de esos 18 estados marginados, sino a más de 400 futbolistas de la Liga de Expansión, torneo que ante la falta de premio deportivo ha pasado a ser, francamente, una «liga en extinción».

Hace unos días, las instituciones afectadas levantaron la voz. El club Leones Negros de la Universidad de Guadalajara publicó un comunicado contundente señalando: «El mérito deportivo no es un formato de torneo, es un principio fundamental que le da sentido a este deporte. Un fútbol donde ganar no abre puertas y perder no tiene consecuencias empobrece a todos, también a la Primera División». Ese mensaje no era un simple boletín de prensa; era un grito de auxilio legal para llevar nuevamente el caso a tribunales internacionales.

Posteriormente, los propios trabajadores de la cancha se articularon bajo el nombre de Futbolistas Unidos por un Fútbol con Ascenso y Descenso. En su manifiesto condensaron el sentir de cientos de familias con una frase que le pido analice con lupa, porque apela directamente a la justicia social: «No pedimos un lugar en Primera División. Pedimos el derecho a ganárnoslo. No pedimos privilegios. Pedimos igualdad de oportunidades para competir y progresar a través del mérito deportivo».

Sin embargo, a este despojo de sueños se le ha sumado la represalia. Le puedo confirmar que a los jugadores no solo les quitaron la ilusión: hoy los están amenazando para quitarles la voz. Tengo en mi poder evidencias documentales de cómo directivos y dueños de equipos han intimidado a los futbolistas con rescindirles unilateralmente sus contratos y dejarlos fuera del fútbol organizado si continúan firmando comunicados o si sus nombres aparecen públicamente exigiendo sus derechos.

Presidenta: ¿no le parece esto una auténtica infamia? No hago públicas las pruebas en este momento porque sé perfectamente cómo opera el sistema y sé que cumplirían la amenaza de dejarlos sin trabajo, como ha ocurrido en el pasado. La FMF les ha pedido cesar las protestas, pero algunos dueños infames han apretado la tuerca para imponer el silencio.

¿De verdad no hay nada que hacer desde la legalidad y el análisis institucional? ¿De verdad 18 estados del país deben resignarse a ver el fútbol profesional solo por televisión porque el equipo de su ciudad, aunque tenga calidad, no posee la maleta de dólares que exige el «Club de Toby»?

Me despido dejándole una última reflexión que resulta demoledora por su carga de ironía histórica: de los 18 equipos que hoy integran ese club privado de Primera División, 16 de ellos están ahí porque alguna vez lograron deportivamente un ascenso. Olvidaron sus raíces, le dieron la espalda a su propia historia y le pasaron el cerrojo a la misma puerta por la que ellos un día lograron entrar.

Con la esperanza de que el deporte nacional vuelva a ser de su gente, le envío un saludo cordial.

 Ignacio Suárez «El Fantasma»

Periodista deportivo

P.D. Ahí le dejo la inquietud, Presidenta. Quizá estas líneas no pasen de ser un simple desahogo impreso en la prensa, pero la realidad ahí está, documentada y sangrando. En este futbol nuestro de cada día ya nos acostumbramos a que los de “el club de Toby” borren los derechos de los demás con el codo, cambien reglamentos en lo oscurito y condenen al silencio a quienes solo piden trabajar dignamente, seguir soñando con el ascenso y poder decir, libremente y sin amenazas lo que piensan para defender sus derechos y sus sueños.

Y ya para concluir y aterrizar en el mundo real por mi larga experiencia en este oficio tengo muy claro que, si el fútbol mexicano ha de cambiar algún día, no será por la buena voluntad de los de pantalón largo, sino porque alguien, desde el peso de la ley y la justicia social, les recuerde que la impunidad no puede ser el reglamento oficial de ninguna liga en nuestro país.

“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.”  George Orwell

En Línea Deportiva 2026