No podía ser de otra manera. El campeonato mundial mas parejo en toda la historia de la categoría merecía resolverse en la pista y de manera deportiva hasta la última vuelta del último gran premio de la temporada.
Las formas deportivas pudieran parecer no las más justas para Lewis Hamilton y sí favorables para Max Verstappen quién vio como se aclaró el oscuro panorama al que se enfrentó durante toda la carrera. Pero seguro estoy de que nadie quería ver la definición de un campeonato cruzando la meta con un safety car por delante o bien en el poder de los comisarios.
Cualquiera de las decisiones tomadas por la dirección de carrera a cargo de Michael Masi habrían sido motivo de crítica y motivo de acusaciones de favorecer a uno o a otro entre los dos pilotos que luchaban por el campeonato mundial.
El procedimiento de reinicio de carrera tuvo dos protestas por parte de Mercedes, por lo que la definición del campeonato se extendió entonces hasta el escritorio de los comisarios de carrera. Era impensable que dichas protestas procedieran para revertir el resultado que se había presentado en la pista, pues entonces el escándalo hubiera sido mayúsculo cuando en el pódium de premiación Verstappen había sido ya distinguido como el nuevo campeón mundial.
Debo decir que con el reglamento en la mano, dichas protestas del equipo alemán bien pudieron proceder, pues la aplicación del reglamento le daba legitimidad para así hacerlo. Principalmente en el punto en el que solamente a los autos lapeados que separaban a Hamilton de Verstappen les fue permitido desdoblarse, y no al resto de autos que también tenían vueltas perdidas. Sin embargo cuando el reglamento da lugar a la interpretación de las palabras con las que está redactado y a la aplicación del criterio del director de carrera, se puede concluir que dichas protestas no podían ser consideradas como irrefutables. Un campeonato como el que recién terminó no merecía resolverse en el escritorio, por lo que desechar la apelación de Mercedes era la opción más sana para la Fórmula 1.
Todo parecía ganado para Lewis Hamilton hasta que volvimos a comprobar que las carreras no se acaban hasta que cae la bandera de cuadros. La situación puso en una circunstancia mas cómoda a Red Bull para tomar decisiones en el momento. Una situación de todo que ganar y nada que perder para el equipo austriaco, pues estando en segundo lugar tienes la oportunidad de ver las decisiones que toma el piloto o el equipo que está por delante. Mercedes y Hamilton no tenían otra opción mas que continuar y mandar al piloto inglés a la guerra sin fusil para la última vuelta. Ante la posibilidad de que la carrera terminara con safety car, entrar a pits a cambiar llantas no era opción para Mercedes.
Otras voces claman por una bandera roja como la decisión mas justa para dar oportunidad a los dos pilotos en igualdad de circunstancias en una nueva carrera
a 5 vueltas. No suena del todo descabellado en busca de la justicia deportiva, aunque la intervención del Williams de Latifi detenido en pista luego del accidente, no requería una bandera roja en circunstancias normales de carrera. Aunque las circunstancias de esta tenían en juego un campeonato mundial de pilotos que tuvo Hamilton en su poder durante cincuenta y cuatro vueltas, y solo durante una vuelta la tuvo Max Verstappen. Pero esa era la vuelta que lo definía todo y en la que ambos pilotos pelearon con armas diferentes por una circunstancia que favoreció a Red Bull.
Desde el punto de vista deportivo, cualquiera de los dos pilotos merecía el campeonato. Es cierto que el título de Max Verstappen es refrescante para los aficionados de la Fórmula 1 que en su mayoría simplemente querían ver un campeón diferente a Hamilton que junto a Mercedes han dominado la era híbrida.
Desde el punto de vista reglamentario, Michael Masi está en el ojo del huracán y sigue pagando derecho de piso como director de carrera desde el fallecimiento de Charlie Whiting. No podemos dejar de preguntarnos qué decisión hubiera tomado él en la misma circunstancia y si hubiera podido encontrar ese punto medio de justicia para ambos lados.
El puesto de Michael Masi ha quedado también expuesto a la crítica mediática desde que las transmisiones en televisión de la Fórmula 1 permiten escuchar la comunicación que existe entre los directores de los equipos con él. Es algo que siempre ha pasado pero que no sabíamos en que nivel se daba, y que además hoy abren la posibilidad a que las redes sociales se inunden de opiniones que hacen más complicado emitir una valoración imparcial y correcta de lo sucedido.
Para el show televisivo que hoy representa la Fórmula 1 en todo el mundo, este tipo de situaciones siguen generando que la máxima categoría crezca en seguidores en las pistas así como en la audiencia televisiva que finalmente se traduce en un negocio multimillonario. Este show que permite ver lo que sucede en las entrañas de la Fórmula 1 como deporte y que hoy tiene a Michael Masi como patito de feria. En su defensa diré que cualquier decisión tomada lo tendría hoy en la misma circunstancia aunque con diferentes tiradores.
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