¿FUTBOL O MAFIA? El veto secreto a César Ramos

Fantasma

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Por Ignacio Suárez “el fantasma”

Estamos a las puertas de una Gran Final de nuestro bendito y maltratado fútbol mexicano. En un país normal, en una liga seria, en este momento estaríamos debatiendo si el técnico va a salir con un 4-3-3, si la presión alta va a ahogar al rival, o si el centro delantero anda con la pólvora seca. Pero no. En México el menú es diferente. Aquí el plato fuerte, el que tiene toda la carnita, el que polariza y hace que a la gente se le corte la digestión, se llama: el arbitraje.

Tengo más de cuatro décadas metido en las entrañas de este bendito deporte. He visto de todo. He visto árbitros que se inventaban penales porque los amenazaban desde el palco, he visto de los que pitaban por pura intuición, he visto historias de terror en los vestidores. Pero les firmo, aquí y ahora, frente a esta cámara, que el arbitraje mexicano está viviendo la peor crisis de su historia. Nunca, escúchenme bien, ¡nunca! había estado tan jodido, tan devaluado y pisoteado como hoy.

Y para muestra, un botón que roza el absurdo absoluto. Hablemos de César Arturo Ramos Palazuelos. Miren, vamos a ser claros: si a César Ramos mañana le tapamos un ojo con cinta de aislar, le echamos un puño de tierra en el otro, lo subimos a una lancha y lo mandamos a pitar la Final en muletas… ¡aun así! el tipo te pita tres veces mejor que el resto de los árbitros que hoy vegetan en el catálogo de la Comisión.

Claro que Ramos Palazuelos tiene sus malas tardes, porque también se equivoca y me ha hecho hacer corajes en la tribuna y en las columnas, el tipo es el mejor de México, pero se equivoca mucho menos que todos los demás. Recordemos que el América lo veto mucho tiempo por NO marcarles un penal en la final contra rayados.

Y no es una opinión la FIFA lo tiene calificado entre los mejores del mundo, lo dicen en Asia y en Europa donde lo contratan para pitar partidos de alta tensión porque aquí sus ligas no dan el ancho. Es el tipo que nos va a representar en el próximo Mundial. Aquí lo ocupan cuando la lumbre les llega a los aparejos para que salve a esta comisión tan pusilánime.

Pero en la Liga MX, amigos, donde el sentido común va a morir todos los fines de semana, ¡no lo programaron para ninguna de las dos finales! Ni la de ida, ni la de vuelta. Nada. Cero. ¿Alguien en su sano juicio puede entender por qué el mejor chef de tu restaurante de cinco estrellas se queda lavando platos en la cocina el día de la cena de gala? Yo no. Y les aseguro que la física cuántica es más fácil de entender que la lógica de la Comisión de Árbitros.

Pero la cosa se pone peor en ese sentido cuando revisas la programación de los árbitros, realmente resulta inaudito, por NO decir estúpido que esa “comisión” -si es que esta decide- repita a los mismos árbitros que tuvo Pumas en las semifinales y no solo a ellos, también recicla al Avar y al VAR que estuvieron en los dos partidos contra Pachuca. ¿NO hay más gente capaz para repetirlos así? ¿Qué parámetros ocuparon para determinarlos? ¿Nadie los asesora y les hace ver la incongruencia y lo que esta decisión afecta en la credibilidad? El dicho de “no hagas cosas buenas que parezcan malas” no se inventó solo.

Para el partido del jueves, va López Peñuelas, con el Var y Avar (Diana y Salvador Pérez) que trabajaron en el juego de vuelta ante Pachuca. En el de la vuelta va Quintero, con el Var (Guillermo Pacheco) del juego de ida de los juegos Pumas vs Pachuca. El único nuevo y que NO trabajo en juegos de semifinal de Pumas es Michell Caballero. ¿De verdad esto era necesario?

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EL EXPEDIENTE PUMAS Y LA REGLA DE TRES

Pero claro, si empezamos a rascarle tantito al escritorio de la Federación, nos encontramos con que el genio que tomó esta decisión de congelar a César Ramos seguramente fue el mismo brillante estratega, el mismo “Einstein de Toluca”, al que se le hizo una idea inteligentísima programar a Luis Enrique Santander para un partido de los Pumas de la UNAM.

A ver, hagamos memoria, porque para tener la boca grande hay que tener el archivo lleno de datos duros. ¿Se les olvidó el papelón monumental que hizo Santander en el juego del América? Fue un escándalo nacional, una vergüenza que se comentó en todas las mesas de debate. Bueno, pues a la semana siguiente, con el cuerpo todavía calientito del error, van y se lo clavan a los Pumas.

Y aquí es donde se nos activa el “sospechosismo”, esa hermosa enfermedad tan mexicana de la que nunca nos curamos. ¿Fue otro veto de los Pumas? Porque la historia no miente, los datos ahí están. El año pasado, en el último partido de la fase regular contra Tigres, la directiva de la UNAM vetó a Daniel Quintero. Dijeron: “A este señor no lo quiero ver ni en la pintura”, y la Comisión, sumisa, obediente, dobló las manos.

¿Qué sucedió ahora? En un video de la transmisión de VIX de TUDN que esta en redes sociales, se puede observar el dialogo que tiene Efraín Juárez, con Daniel Quintero a quien le dice; Ojala pites tu la final wey. Muy buen trabajo. Ojalá pites tú, porque fue espectacular ¡cabrón!

¿Cómo interpreta usted esto; reconocimiento de un buen trabajo o el principio de una solicitud a la comisión de arbitraje? A final de cuentas, el deseo, solicitud o premonición de Efraín se cumplió y Quintero está programado a la vuelta. ¿Imagínense el escenario y lo que se pensará si se equivoca contra Cruz Azul? 

Hace unas semanas, con el caso Santander, la directiva universitaria no tuvo ni que meter un escrito de veto formal. No hizo falta tanto protocolo. Simplemente levantaron el teléfono, llamaron a las altas esferas y preguntaron con toda la lógica del mundo: “Oye, ¿por qué me pones otra vez a este cuate después del cagadero que acaba de hacer con toda su cuarteta en el partido contra América en el Banorte?”. ¿Y qué creen que pasó? Magia. Desaparecieron a Santander del mapa de ese juego de inmediato, aunque ya había sido anunciado oficialmente.

Ahí es donde nace la sospecha podrida. En el fútbol mexicano estamos tan metidos en el fango, tan acostumbrados al beneficio del compadrazgo, que ya institucionalizamos una nueva modalidad de negocio: el arbitraje a la carta. Usted pide, usted exige, usted llora en la mesa de la Federación porque es un equipo grande o influyente, y de inmediato le cambian al mesero si no le gustó la cara con la que le trajo la sopa.

¿QUIÉN LE BAJÓ EL PULGAR A CÉSAR?

Vamos a la pregunta del millón, la que hace que a los directivos les suden las manos y miren para otro lado cuando ven un micrófono. ¿Quién y por qué decidió que César Ramos no era digno de pitar la Final? ¿Quién decidió jugar a la ruleta rusa con el partido más importante del año, poniendo en su lugar a árbitros que tiemblan cuando el estadio les grita? No me salgan que fue por calificaciones en las semifinales, que a Santander con todo y buenas calificaciones lo cepillaron de la semifinal programada.

¿Fue Pumas otra vez como sugiere el video de Juárez? ¿Fue Cruz Azul hará oficial su protesta? ¿O acaso la orden viene de más arriba, de esos hilos invisibles que todos en el medio sabemos que existen pero que en la televisión oficial se hacen los que no ven?

“PAPI” RIESTRA AL ATAQUE

Vamos a ponerle nombre y apellido a las sospechas que corren por los pasillos de la Federación Mexicana de Fútbol. ¿Quién maneja este barco a la deriva? ¿Acaso fue Íñigo Riestra? O como le dicen de cariño, y con un tremendo pavor que se huele a kilómetros, varios silbantes activos y en el retiro: “Papi Riestra”. Ese personaje que desde hace años, de forma clandestina, en las sombras, detrás del escenario, mueve el abanico del arbitraje nacional.

Cuando hablas con los árbitros todos te lo confirman. NO hay independencia, El que decide a quién se le da gafete FIFA, a quién se le congela en la Liga de Expansión y a quién se le premia con un partido estelar, quien va al VAR y quien NO VA, se llama Iñigo Riestra. A él lo señalan de imponer a Pérez Duran como jefe del VAR, aquel que NO marco como penal aquel codazo a Dineno en el Atlas contra Pumas.  Son muchísimas coincidencias.

CESAR VS VERSTAPPEN

La decisión de dejar fuera a Ramos es tan absurda que cuesta creer que haya surgido de quienes supuestamente asesoran o dirigen el arbitraje, como Horacio Elizondo o Juan Manuel Herrero. Usemos una analogía que viene al caso: esto es como si en la Fórmula 1, el equipo Red Bull decidiera sentar a Max Verstappen en la carrera donde se definirá el título de pilotos para subir a un piloto de la Fórmula 4 porque saco buenas calificaciones en su prueba de fin de semana. Aunque les vaya bien –ojalá- son riesgos innecesarios. Es un atentado contra el propio negocio.

En todas las ligas serias del planeta, muchachos —vayan a revisar la Premier League de Inglaterra, la Serie A de Italia, LaLiga de España—, el árbitro que va al Mundial, el que tiene la escarapela más pesada y la espalda más ancha, es el encargado de pitar los partidos donde se define el dinero, el orgullo y la copa. Se hace por mérito deportivo, por proteger el espectáculo y, sobre todo, para evitar que el partido se le salga de las manos a un novato. Solo en México pasa lo contrario. Solo en la Liga MX el premio a la excelencia es el exilio. Aunque usted no lo crea.

LA DEGRADACIÓN DEL SISTEMA

Hablemos de datos duros, porque a mí me gusta hablar con las pruebas en la mano. Vamos a revisar cómo se ha ido despedazando la instrucción arbitral en este país. Hace una década, los árbitros mexicanos salían a la cancha con una personalidad que imponía. Te podía gustar o no el estilo de un Archundia, de un Marco Rodríguez “Chiquidracula”, de un Felipe Ramos Rizo, de Brizio, Bonifacio Codesal, etc.  pero los tipos entraban a la cancha y mandaban. Los jugadores los respetaban porque sabían que detrás de ellos había una Comisión que los respaldaba a muerte.

Hoy, ¿qué tenemos? Árbitros espantados. Silbantes que ven una jugada brava en el área y en lugar de tomar la decisión con pantalones, se quedan parados, tocándose la oreja, esperando que el tipo que está metido en el camión del VAR —que muchas veces es un árbitro frustrado que no dio el ancho en la cancha— le diga qué es lo que tiene que pitar. El VAR en México no llegó para corregir errores catastróficos, llegó como un pañal para adultos: para cubrir las porquerías y las inseguridades de árbitros que no tienen la capacidad de sostener una decisión.

¿Y por qué pasa esto? Porque la pirámide está invertida. En lugar de que la Comisión de Árbitros sea un órgano autónomo, independiente, que castigue al que se equivoca y premie al que acierta, se convirtió en una oficina de atención a clientes para los dueños de los clubes. Si el dueño del equipo X se queja de que el árbitro por que le habló feo a su estrella de cinco millones de dólares, la Comisión en lugar de respaldar a su juez, lo congela tres jornadas para “bajar las aguas”.

Eso no es autoridad, eso es prostitución del reglamento. Están creando una generación de árbitros “tibios”, de silbantes de plástico que le pitan al miedo. Y cuando llega el momento de la verdad, cuando tienes una Final con 80 mil personas rugiendo y millones viéndolo por televisión, no tienes a quién poner porque a los pocos que tienen los pantalones bien puestos, como César Ramos, los tienes guardados en el clóset por pura política de escritorio y caprichos de pantalón largo.

SIN CREDIBILIDAD Y SOSPECHAS

En conclusión, señores: El arbitraje mexicano no está en la lona por falta de talento en las piernas o en los silbatos de los jóvenes. Está en la lona porque el sistema está podrido desde la cabeza. Está secuestrado por el miedo de los directivos, por los intereses cruzados de personajes como “Papi Riestra” y por la total falta de columna vertebral de quienes hoy calientan las sillas en la Comisión.

Prefieren complacer los berrinches de las directivas, jugar a la diplomacia y mantener el negocio “en paz” para sus amigos, antes que imponer la ley con base en el mérito. Nos han dejado una Final a la deriva, un juego de ruleta rusa donde el árbitro que salga va a entrar con la guitarrilla en la mano y la soga al cuello, sabiendo que, si respira mal, su carrera se acaba en una llamada telefónica de cinco minutos. Así de jodido está nuestro fútbol.

“Es más fácil controlar a un ciego que aguantar a uno que sí se atreve a ver”

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